La abuela, el origen
Antes de que hubiera letrero, ya había oficio. Nuestra abuela carnicera nos enseñó que la carne se respeta, se conoce y se corta mirando a los ojos.
Seis décadas detrás del mostrador. La misma familia, el mismo oficio y la misma palabra.
Todo empezó mucho antes de 1966, con nuestra abuela al frente del oficio — cuchillo en mano y palabra dada. Luego vinieron María Pilar Gil Giménez, carnicera, y José Luis Pérez Castillo, ganadero. De esa unión — cuchillo y cuadra — nació lo que hoy conoces como Hnos. Pérez Gil.
Antes de que hubiera letrero, ya había oficio. Nuestra abuela carnicera nos enseñó que la carne se respeta, se conoce y se corta mirando a los ojos.
Barrio de Lourdes, Plaza Padre Lasa. Un mostrador pequeño y una idea grande: trato cercano, palabra dada y carne como Dios manda. Allí seguimos.
La gente ya nos conocía por el nombre y por cómo cortamos: a tu gusto, sin prisas. Abrimos una segunda puerta para estar más a mano.
Tercera ubicación en la Avenida Zaragoza. Pasamos a llamarnos Carnicería Hijos de José Luis Pérez: entra la siguiente generación, con el mismo cuchillo.
Nombre definitivo: Hermanos Pérez Gil. La casa ya tenía apellidos y una forma de hacer que no ha cambiado — papel de estraza, consejo sincero y maduración lenta.
Cerramos la tienda más céntrica tras 20 años y nos centramos donde más nos necesitas: Plaza Padre Lasa 5 y Avenida Zaragoza 45. Dos mostradores, un solo compromiso.
Ganadería propia, maduración en nuestras cámaras y elaboración artesana en obrador, con recetas de casa. Nada de atajos: trazabilidad real, de la cuadra a tu mesa.
Más de 60 años después seguimos igual: te miramos a los ojos, te preguntamos para cuántos y cómo te gusta, y te lo preparamos delante. Esa cercanía es nuestro sello.
Nuestro compromiso es sencillo: seguir 60 años más con el mejor trato y la máxima calidad.
“La misma familia,
el mismo oficio
y la misma palabra.”
Gracias por ser parte de nuestra historia. Y por dejar que sigamos siendo tu carnicería.